Cómo cuidar tus joyas artesanales para que duren más

Cómo cuidar tus joyas artesanales para que duren más · · Tienda de para ArteLovers Market

Descubre trucos sencillos para limpiar, guardar y mimar tus joyas artesanales y que luzcan como nuevas durante muchos años.

Cómo cuidar tus joyas artesanales para que duren más y sigan contando historias contigo

Entender tus joyas: cada material necesita un mimo distinto

Antes de ponerte manos a la obra con la limpieza, es importante saber de qué están hechas tus joyas. No es lo mismo cuidar un anillo de plata martilleada que unos pendientes de latón con baño de oro, o un collar de cuentas de cerámica pintadas a mano.

Muchas artesanas incluyen una pequeña nota dentro del pedido explicando el material y los cuidados básicos, pero en la emoción de estrenar solemos guardarla en cualquier cajón. Merece la pena rescatarla o, al recibir tus joyitas, hacer una foto a esas instrucciones para tenerlas siempre a mano en el móvil.

Imagina una pulsera de plata oxidada de forma artesanal para conseguir un efecto envejecido. Si la frotas con limpiador agresivo para plata, perderá ese acabado único que la hace especial. En cambio, un collar de latón sin baño puede agradecer una limpieza más frecuente para que no se oscurezca demasiado.

Conocer el material te ayudará a elegir bien qué productos usar, con qué frecuencia limpiar y hasta cómo guardar cada pieza para que mantenga su encanto original.

Higiene diaria: pequeños gestos que alargan la vida de tus piezas

El cuidado de tus joyas empieza en tu rutina diaria. No hace falta un ritual complejo; bastan pequeños gestos constantes. Una artesana de Barcelona contaba que muchas de sus reparaciones se deben a que las clientas se duchan, duermen o hacen deporte con las piezas puestas.

Un buen hábito es dejar siempre tus joyas en el mismo lugar al llegar a casa: un platito de cerámica en la entrada, una bandejita en el baño o una caja sobre la mesilla. Así te resultará natural quitártelas antes de lavarte las manos, ducharte o acostarte.

También ayuda ponerse las joyas lo último, después del maquillaje, crema y perfume. Así evitas que se manchen con productos que, a la larga, pueden apagar el brillo o dañar los baños metálicos. Y al llegar a casa, un simple gesto de pasar un paño suave por collar, anillos o pendientes retirará sudor, restos de crema y polvo.

Estos detalles marcan la diferencia, sobre todo en joyas hechas a mano donde cada unión, soldadura y engaste se ha trabajado pieza a pieza, sin producción en masa que pueda “resistirlo todo”.

Limpieza suave: cómo recuperar el brillo sin dañar la pieza

Limpiar tus joyas artesanales no significa someterlas a productos fuertes ni frotarlas con desesperación. La clave está en la suavidad y la paciencia. Una compradora contaba que, por “dejarla perfecta”, sumergió una sortija con baño de oro en un limpiador químico y, en pocos minutos, el baño desapareció.

Para la mayoría de joyas metálicas (plata, latón, acero con baño), basta un poco de agua templada, una gota de jabón neutro y un paño de algodón o microfibra. Humedece el paño, limpia la pieza con movimientos suaves y sécala muy bien después. Evita empapar zonas con pegamentos o piezas delicadas.

Si tienes piezas con piedras naturales, madera, cuero o elementos textiles, lo ideal es no sumergirlas. Pasa solo el paño ligeramente humedecido por la parte metálica, sin insistir en los detalles porosos. Algunas artesanas recomiendan incluso cepillos de dientes muy blandos para zonas difíciles, siempre con mano ligera.

La frecuencia también importa: no hace falta limpiar en profundidad cada semana. Mejor una limpieza suave ocasional y una mini “pasada” con paño tras usarlas, que limpiezas agresivas de vez en cuando.

Cómo guardarlas: el arte de evitar enredos, golpes y rozaduras

El lugar donde guardas tus joyas es casi tan importante como cómo las limpias. Muchas clientas cuentan que han perdido pendientes sueltos en el fondo de un cajón o que sus collares artesanales han acabado enredados hasta el punto de tener que llevarlos a una artesana para que los desenredara con alicates y muchísima paciencia.

Lo ideal es que cada pieza tenga su propio espacio, o al menos que no se amontonen todas juntas. Puedes aprovechar las bolsitas de tela o cajas que suelen incluir las artesanas en sus envíos. Separar collares, anillos y pendientes evita roces que terminan rayando superficies y desgastando baños.

Si vives cerca del mar o en un lugar muy húmedo, intenta guardar tus joyas en un lugar seco, alejado de vapor del baño. Para la plata, algunas artesanas recomiendan bolsitas herméticas pequeñas con un trocito de papel antióxido; ayuda a que no se oscurezca tan rápido.

Pensar también en cómo viajan tus joyas es clave. Para un fin de semana fuera, una compradora contó que empezó a usar un pequeño estuche rígido donde coloca cada pieza en un compartimento. Desde entonces, no ha vuelto a perder un pendiente ni a llegar con collares imposibles de deshacer.

Evitar daños: perfume, piscina y otros “enemigos silenciosos”

Más que el paso del tiempo, lo que más daña las joyas artesanales son ciertas situaciones cotidianas. El cloro de la piscina, el agua del mar, algunos perfumes y productos de limpieza pueden estropear acabados, manchar piedras o aflojar engastes y cierres.

Antes de nadar, mejor dejar anillos, pendientes y collares en un lugar seguro. Una artesana de la costa contaba cómo en verano aumenta el número de encargos de reposición de anillos perdidos en la arena o en el mar. Muchas veces no se rompen, simplemente se escurren de los dedos con el agua fría.

Con los perfumes y lacas, lo más seguro es aplicarlos primero, esperar unos minutos y luego ponerte las joyas. Así evitas que los químicos caigan directamente sobre ellas. También conviene quitarte las piezas cuando uses productos de limpieza potentes o cuando manipules tintes para el pelo o pinturas.

Y por supuesto, no fuerces cierres ni dobles anillos o pulseras ajustables más allá de lo necesario. Aunque sean piezas robustas, están pensadas para adaptarse suavemente, no para abrirlas y cerrarlas a lo bruto todos los días.

Revisiones, restauraciones y el valor de lo hecho a mano

Las joyas artesanales están vivas: se adaptan a tu cuerpo, a tus movimientos, a tu día a día. Con el tiempo, un cierre puede aflojarse, una cadena puede necesitar refuerzo o un baño puede requerir una nueva capa para recuperar su brillo original.

Muchas artesanas ofrecen servicio de reparación o ajuste por un coste muy razonable, y en algunos casos incluso de forma gratuita si se trata de un fallo del cierre o soldadura. Una clienta contaba que, tras llevar un collar muy ligero casi a diario durante dos años, la cadena se partió. La artesana se lo reparó, reforzó la zona y aprovechó para limpiarlo y dejarlo como nuevo.

No dudes en escribir a quien creó tu joya si notas algo raro: un pendiente que se abre con facilidad, un anillo que se ha deformado ligeramente, una pieza que ha perdido brillo de forma extraña. Nadie mejor que la propia artesana para orientarte sobre si es normal, si se puede arreglar o si conviene hacer un pequeño mantenimiento.

Al cuidar tus joyas artesanales, no solo proteges un objeto. Estás cuidando horas de trabajo, de ensayo y error, de creatividad y paciencia. Cada pieza lleva detrás una historia de manos, de taller y de ilusión compartida contigo.

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