
Descubre cómo empezar en ilustración artesanal paso a paso: materiales, técnicas básicas y consejos reales de artesanas para crear y vender tus obras.
Cómo empezar en ilustración artesanal paso a paso para dar vida a tus ideas
Empieza por lo esencial: tu estilo y tu historia
Antes de comprar materiales caros o apuntarte a cursos infinitos, párate un momento y piensa: ¿qué te apetece contar con tus ilustraciones? La ilustración artesanal nace mucho de la emoción, de la memoria y de lo cotidiano. Puede que te inspiren los paseos por tu barrio, los recuerdos de tu abuela cosiendo, las plantas de tu balcón o tu amor por los animales.
Muchas artesanas que hoy venden sus ilustraciones comenzaron dibujando escenas muy sencillas: tazas de café, fachadas de sus barrios, flores silvestres, manos entrelazadas. Con el tiempo, se dieron cuenta de que esos pequeños detalles eran justo lo que conectaba con la gente, porque resultaban cercanos y auténticos.
Para empezar, reserva un cuaderno solo para tus ideas. Anota palabras, frases, sensaciones, bocetos rápidos. No mires aún si “queda bonito” o no; céntrate en lo que te mueve. De ahí saldrán tus primeras ilustraciones artesanales con personalidad propia.
Materiales básicos para ilustración artesanal sin gastar de más
La tentación de comprarlo todo es grande, pero para empezar en ilustración artesanal necesitas menos de lo que piensas. Es mejor tener poco y bueno que mucho y olvidado en un cajón.
Un punto de partida muy sencillo y efectivo puede ser:
Papel: un bloc de papel de buen gramaje (al menos 200 g/m²) si quieres usar acuarela o tinta. Si vas a centrarte en lápiz o rotulador, con un papel liso de dibujo te bastará. Si quieres un cuaderno especial para ir dibujando sin parar, los de Sonrisas de Ratona te encantarán.
Lápices: un portaminas o un par de lápices de grafito (HB y 2B) para esbozar. No necesitas una caja profesional para arrancar.
Rotuladores o tinta: un par de rotuladores negros de distinto grosor o un bolígrafo de tinta resistente al agua. Muchas ilustradoras trabajan casi solo con negro y logran piezas preciosas jugando con líneas y tramas.
Color: una pequeña paleta de acuarelas o unos lápices de colores suaves. Una artesana que empezó pintando tarjetas para sus amigas utilizaba solo tres colores: azul, ocre y un rojo apagado. Esa limitación dio coherencia a su estilo y hoy sus láminas se reconocen de inmediato por esa paleta.
Empieza con lo básico, exprímelo al máximo y, cuando veas que lo usas de verdad, ve añadiendo materiales poco a poco.
Entrena la mano: ejercicios sencillos para ganar seguridad
Pasar de “me gusta dibujar” a “me siento ilustradora” va sobre todo de práctica consciente. No hace falta tener horas libres cada día; con 15–20 minutos diarios puedes avanzar muchísimo.
Algunas ideas de ejercicios que usan muchas artesanas cuando empiezan:
Un objeto al día: elige algo cotidiano que tengas cerca: una taza, tus gafas, una planta. Dibújalo rápido, sin borrar demasiado. La idea es aprender a mirar y simplificar formas.
Variaciones de un mismo tema: coge un motivo que te guste (por ejemplo, una flor) y dibújalo en estilos diferentes: solo con línea, con manchas de color, muy minimalista, muy detallado. Así descubres qué te resulta más natural.
Mini retratos: muchas ilustradoras que luego venden retratos personalizados empezaron dibujando caras muy simples, casi como muñecos, de familiares y amigas. No buscaban el realismo, sino captar un gesto, un peinado, una prenda característica.
Lo importante es la constancia. Una artesana contaba que se reservaba 10 minutos cada noche antes de dormir para hacer un boceto rápido; al cabo de unos meses tenía un cuaderno lleno de ideas que luego convirtió en una colección de láminas muy personales.
Del boceto al acabado: cómo dar forma a una ilustración completa
Cuando ya te sientas algo más suelta, es momento de llevar un dibujo desde el primer boceto hasta una pieza terminada. Este proceso es clave si algún día quieres vender tus ilustraciones como láminas, tarjetas o productos personalizados.
Un flujo de trabajo sencillo podría ser:
1. Boceto a lápiz: muy suave, sin entrar en detalles. Solo formas principales y composición. Imagina, por ejemplo, una escena de cocina donde una mujer hornea galletas; coloca primero las figuras y los grandes volúmenes.
2. Definir líneas: repasa las líneas que quieras conservar con tu rotulador o tinta, limpiando el dibujo. No temas dejar líneas sueltas o trazos visibles; en la ilustración artesanal se valora mucho el gesto humano.
3. Borrar el lápiz: una vez seca la tinta, borra con delicadeza para dejar solo tus líneas finales.
4. Añadir color o textura: entra el color si así lo quieres. Un truco muy usado es reservar el color solo para ciertos elementos clave (por ejemplo, el delantal, las flores, el humo del horno) y dejar el resto en blanco y negro. Esto da un toque muy cuidado sin necesidad de una técnica complicada.
Varias ilustradoras que venden en mercados artesanales cuentan que sus productos más queridos no son los más “perfectos”, sino aquellos donde se ve el trazo a mano, una pequeña irregularidad en el color o una mancha de acuarela imprevisible. Ese encanto es precisamente lo que muchas personas buscan cuando compran ilustración artesanal.
Cómo transformar tu ilustración en un producto artesanal
Cuando ya tengas unas cuantas piezas con las que te sientas identificada, puedes empezar a pensar en convertir tu ilustración en un objeto que otras personas puedan disfrutar: láminas, postales, marcapáginas, calendarios, etiquetas para regalos, cuadernos, tazas…
Una artesana empezó haciendo pequeñas ilustraciones en acuarela de casas de pueblo. Al principio las regalaba a amigas que se cambiaban de casa. Al ver la emoción con la que las recibían, decidió escanearlas, imprimir copias en papel de buena calidad y ofrecer versiones personalizadas. Hoy muchas personas le encargan la ilustración de su casa familiar para regalar a sus padres.
Otras ilustradoras crean colecciones temáticas: animales del bosque, escenas de maternidad, recetas ilustradas, paisajes urbanos. Con esas colecciones hacen packs de postales o láminas que venden en mercados de barrio y online. La clave está en pensar en cómo se usará tu ilustración: ¿decoración, regalo, papelería bonita, detalle para una boda o un nacimiento?
Cuida siempre los detalles: el tipo de papel, el empaquetado, una pequeña nota manuscrita. El mundo artesanal se distingue justo por esa atención cariñosa que convierte un dibujo en algo especial para quien lo recibe.
Primeros pasos para mostrar y vender tus ilustraciones
Llegado el momento, quizás te apetezca que tus ilustraciones artesanales salgan de tu cuaderno y lleguen a otras manos. No hace falta montar una gran tienda desde el primer día; puedes ir paso a paso.
Algunas opciones que muchas artesanas utilizan son:
Redes sociales: comparte tu proceso, no solo las obras terminadas. Muestra bocetos, tu mesa de trabajo, las pruebas de color. A la gente le encanta ver el “detrás de cámaras” de algo hecho a mano.
Encargos pequeños: ofrece a tu entorno más cercano ilustraciones personalizadas sencillas: una pareja, una mascota, una casa especial. Eso te permite practicar, poner precio a tu trabajo y aprender a tratar con clientas reales.
Marketplaces de artesanía: plataformas especializadas en producto hecho a mano permiten que tus ilustraciones lleguen a personas que ya valoran lo artesanal. Muchas ilustradoras que venden láminas, papelería ilustrada o retratos personalizados han dado el salto abriendo una pequeña tienda online dentro de un marketplace, sin tener que encargarse de toda la parte técnica de una web propia. Puedes vender tus ilustraciones en nuestro market, apuntándote desde este ENLACE.
Lo más importante es que seas coherente con tu estilo y tu historia. Quien compra ilustración artesanal no busca algo perfecto de catálogo, sino sentir que hay una persona detrás, con una mirada única y un cariño real en cada trazo.
Si te apetece descubrir cómo otras creadoras están viviendo de su arte y encontrar inspiración en piezas ilustradas hechas a mano, te invito a darte una vuelta por el marketplace Artelovers, donde artesanas de toda España comparten sus obras más especiales.
















